Hace dos meses pude asistir a la presentación de un documental en la Asociación de Vecinos de Ventilla Almenara (Tetuán) http://www.tetuanparticipa.org/ y al debate que siguió a la proyección, en el que participó gente de muy distintas edades.
El documental, “Verde carne, tierra muerta” http://vimeo.com/44568998 , filmado en Guatemala y Honduras, denuncia
las consecuencias de la alabada Economía Verde o Ecológica, que ha forzado a
varias comunidades indígenas a abandonar sus tierras y perder el acceso a sus
cultivos y su sustento.
El documental fue financiado por una asociación y filmado
con fines divulgativos, por lo que me permito decir que la exposición de las
circunstancias que denuncia (sobre todo la presentación de los principios de la
Economía Verde) podría ser mucho más clara por momentos.
Pero el resultado es un documental honesto, y un primer paso
para una reflexión importante.
“La EE estudia las relaciones entre el sistema natural y los subsistemas social y económico, incluyendo los conflictos entre el crecimiento económico y los límites físicos y biológicos de los ecosistemas debido a que la carga ambiental de la economía aumenta con el consumo y el crecimiento demográfico. Los economistas ecológicos adoptan posturas muy críticas con respecto al crecimiento económico, los métodos e instrumentos de la economía tradicional y los desarrollos teóricos que proceden de ésta como la economía ambiental y la economía de recursos naturales."
Por el momento es muy difícil encontrar una definición concisa de lo que constituye la economía verde en castellano en la red - y eso que la Bioeconomía está siendo aplicada en muchas regiones de Latinoamérica.
Según tengo entendido, la Economía Verde propone remplazar el uso del petróleo por el de combustibles naturales, como puede ser el aceite de palma o la combustión de alimentos de toda la vida en cantidad masiva para, en el mejor de los casos, propiciar el crecimiento de la agricultura en zonas ricas en materia prima, dándole trabajo y sustento a los habitantes de estas zonas sin imponer nuevas formas de combustión venidas de otros países o continentes y, por tanto, de métodos de gestión económica venidos de fuera.
Hasta ahora el resultado de esta Economía Verde consiste, inevitablemente, en una extensión del poder de las Empresas de filosofía capitalista o de Multinacionales incrustadas en susodichas zonas. Es decir, que la Economía Verde no funciona. Más bien despoja a los habitantes de las zonas afectadas de su materia prima diaria, y trastoca los métodos agricultores con los que llevan trabajando y viviendo desde hace siglos.
Los enfoques ecológicos de una economía sostenible no pueden ser consecuencia de una contestación a la situación mundial que estamos padeciendo, fruto del neoliberalismo salvaje que ha criado a mi generación y que se está cayendo por su propio peso. Los enfoques ecológicos, creo, tienen que proponer una alternativa en sí misma, ser una solución en sí misma. En mi opinión (y tomando de referencia en este caso las propuestas de una economía ecológica), antes de llegar al punto en que puedan ser reconfigurados los sistemas económicos locales y que éstos contribuyan a su vez a una economía global basada en el intercambio de productos generados desde la autogestión de estas economías locales y sostenibles, desafortunadamente habría que pasar por el declive total del modelo capitalista que nos constituye.
De lo contrario, a menos que el primer mundo se digne a firmar un pacto de “independencia económica” de cara al dólar (con todas las consecuencias que eso le supondría a la cima del mundo), las Multinacionales seguirán aplastando a los países tercermundistas y “de 2da”, truncando los procesos más justos de autonomía económica.
Teniendo en cuenta el nivel medio de vida en EE.UU. y el norte de Europa y el brutal crecimiento de una China moderna cuyas consecuencias a nivel global quedan por ver, desde luego aún falta para llegar al declive integral del sistema del que vivimos a día de hoy.
Y es que, por muy obvio que parezca, la solución al despropósito en el que se ha convertido el modelo mundial quizá sea, sencillamente, regresar al concepto de autonomía.
Con “autonomía” no me refiero a desunión ni disgregación. Sin ir más lejos, Internet (uno de los frutos del dichoso modelo que nos hace, gratuito en concepto hasta ahora) es de los avances más ambiciosos y hermosos de esta humanidad, por informarnos sobre cualquier tema desde infinitas fuentes y unirnos sin barrera alguna más allá del tiempo y el espacio. Haber llegado a este instante de compartir virtual continuo es probablemente el mayor de los lujos que ha conocido mi generación. Tenemos todo que aprender de otros sistemas, otras culturas, otras necesidades y otros microclimas.
Con “autonomía” pienso en la implantación de modelos con los pies en la tierra, alejados de la ambición desmedida – pornográfica - de los cuatro magnates que han decidido y deciden por nosotros; volver a parámetros verosímiles, en acorde con la naturaleza cotidiana más humana y con los recursos naturales de cada zona geográfica y cultural, y propiciar el intercambio entre zonas y países desde estas bases.
Por el momento, los únicos organismos que han tentado insuflar este tipo de metodologías han sido en mayor parte las ONGs que el primer mundo manda a países subdesarrollados por culpa del primer mundo. Últimamente he tenido el honor de conocer a un par de personas capaces de entregarse por completo en pos de una lucha por mejorar real y justamente sistemas de microeconomía local (en zonas rurales de Centro América, por ejemplo) desde dentro, con y por el habitante de las zonas a ayudar. Existen seres humanos con la cabeza tremendamente bien puesta y la capacidad de mover cielo y tierra para dar muy pequeños pasos, uno tras otro, a favor de una organización más equitativa en zonas acotadas de países “de 2da”. Desgraciadamente, esto no es sinónimo de logro.
Muchas ONGs funcionan, también, a nivel masivo, y a largo plazo esto termina por potenciar dependencias insanas entre sistemas culturales locales o microeconomías y trabajadores sociales llegados de “países desarrollados” que terminan por darse contra un muro, por no lograr integrar ciertos pensamientos a priori constructivos dentro de estos sistemas, debido a que el planteamiento de la ayuda en sí misma es, a largo plazo, ineficaz. Las ONGs que mayor dinero manejan se implantan a los lugares escogidos con promesas tácitas de ayuda y coordinación que no dejan de venir “de afuera”. Y esto, muy probablemente, debido a la imagen que los países en vías de desarrollo tienen del mundo llamado “occidental”, visión construida y a veces deformada por los parámetros económicos que rigen nuestro mundo. Las ONGs más importantes vendrían a ser la contrapartida de las Multinacionales – un alter ego - en países donde la macrogestión (que mezcle procesos de ayuda médica y social con procesos de coordinación de los recursos materiales, etc) no procede, generando incluso, insisto, dependencias que no hacen más que subrayar los problemas locales en vez de solucionarlos.
Porque las ONGs son también fruto del macrosistema al que pertenecemos, la logística interna que algunas manejan no concuerdan con las metas que se proponen.
Europa es colonizadora, abusadora, ladrona y ególatra. Pero también es la cuna del pensamiento ilustrado del que deriva la declaración de los derechos humanos y una utopía izquierdista moderna. Estos planteamientos o modelos de estructuras son los rescatables y los que probablemente valga la pena divulgar, que no imponer, en las zonas del mundo cuya materia prima posibilite, en efecto, una microeconomía sostenible extensa de Imperialismos desbocados e iconografías y logos que pierden cualquier significado sacados de contexto. Y esto aplicado a cualquier zona geográfica, la intocable pese a desmoronada Europa incluida.
Ante tantos siglos de asfixia de los continentes en los que se apoya el primer mundo para seguir siendo el primer mundo, que ni por esas se salva de una crisis económica global que nos está llevando al traste a todos, probablemente este sea el momento de empezar a tantear alternativas verosímiles y honestas que proponernos a nosotros mismos. Quién sabe si a estas alturas del recorrido europeo una economía de filosofía ecológica sea una solución viable a largo plazo. Lo que sí creo es que, teniendo en cuenta los inevitables cambios que están por llegar, éste es momento de encararnos con sinceridad.
De ser, de una maldita vez, humildes.

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