Al visionar la retransmisión "en directo" desde elpais.com de un nuevo intento de rodear el Congreso este último martes, me vinieron varias cosas a la cabeza.
La primera, que este tipo de manifestaciones con sus propuestas escritas en cartón han sido y son muy necesarias, pero se quedan obsoletas. Son la excusa perfecta para que Cifuentes maldiga a los "perroflautas" o el PP se jacte ante una masa demasiado pequeña y poco coordinada de protestantes. Sigue siendo magnífico ver a gente tan ecléctica (de todas las edades, con todas las vestimentas y de distintas clases sociales) unida en pos de la vergüenza y el sentido común, pero tras el precioso 15-M del año pasado, estas manifestaciones no tienen razón de ser en particular.
Por otro lado, me hace gracia ver un cartel que ponga "PPSOE dimisión" cuando los que lo pedimos no tenemos ninguna alternativa concreta que proponer a cambio.
Creo que, para empezar, habría que oficializar el contacto y poner de acuerdo a todas las asambleas del 15-M (vestigio muy producente del movimiento del año pasado), los sindicatos, y los grupos izquierdistas existentes hasta ahora en España.
Y esto, en mi opinión, para formular una petición de reforma de la ley electoral. Esa es mi propuesta de arranque, que debería ser una sola, para empezar. Paso a paso: una propuesta a cada vez.
Empecemos por el principio, y ajustemos resultados como los que hemos tenido que ver esta semana en Galicia.
Pero semejante propuesta lleva su tiempo.
Tiempo para aclararse, coordinarse y protestar desde la información y el conocimiento.
Lo cual me lleva a pensar que, más allá de esto, lo que más tiempo lleva es que la nueva generación de treintañeros (la nuestra) encuentre su propia voz. Y esto sí se merece un momento de reflexión.
Personalmente, me queda claro que el PSOE no me representa, pero visiblemente la izquierda tampoco.
Mis amigos españoles más comprometidos e izquierdistas llevan 5 años recitando doctrinas marxistas en sus asambleas, esto es, "adoctrinando" desde un lugar que parece haberse quedado estancado: han retomado el discurso irreprochable de nuestros padres progresistas para la época de transición, para retomarlo exactamente en el mismo sitio en que algunos tuvieron que dejarlo, cuando el panorama actual es muy distinto, y nuestras educaciones, vidas y derechos, diferentes.
Creo que ha llegado el momento de reformular nuestros ideales en plena "crisis de valores", aquí, donde ya no sabemos por qué ni por quién luchar exactamente. Y, sinceramente, si bien hay que haberlo leído en toda regla, "El capital" en concreto no tiene por qué ser un referente ahora mismo.
Hay gente que dice que el fallo del 15-M fue que no tuvo cara que lo representara. Yo no estoy de acuerdo. Era demasiado pronto para aferrarse a un "líder", y más teniendo en cuenta que lo que se ha ido al garete en España ha sido una política de "representantes".
Hay otra gente de mi edad que poco a poco comienza a pensar en voz alta que se debería volver a idear - desde un sistema de votación democrática - la mismísima constitución, ajustándola a los parámetros que vivimos hoy en día y desde un sentido más común a todos.
Hasta he llegado a escuchar una propuesta (descabellada para muchos, muy interesante en mi humilde opinión) según la cual cada ciudadano debería firmar un contrato de ciudadanía, para así hacerse voluntariamente responsable de la susodicha, y poder exigir condiciones a cambio.
Con esto quiero decir que, en este sueño quebrado que está demostrando ser Europa y con Grecia como ejemplo a no seguir, quizá haya llegado el momento de empezar a sopesar esas opciones que en primera instancia suenan a locura, por alejarse demasiado de una filosofía política que nos ha hecho ser la España de hoy, y parte de la CE.
¿Porqué? Porque a largo plazo no tenemos nada que perder, si no todo lo contrario.
Quizá nuestra tarea (la más difícil) como generación sea la de pedir cambios logísticos, de política interna, radicales.
Pero esto solo podremos pedirlo y exigirlo cuando nos pongamos de acuerdo, aún sabiendo que España no es precisamente conocida por su caracter mediador. he aquí el gran reto al que nos enfrentamos.
Un amigo mío me dijo algo interesante el otro día: "A España le pueden suceder 2 cosas: la 1era, es seguir el camino que lleva, y terminar siendo un país de condiciones africanas, con elecciones trucadas, violencia en las calles, y donde la educación se haya convertido en un lujo para niños ricos que planeen vivir fuera. La 2da, es que España se convierta en un ejemplo mundial de aquí a 20 años".
Queda por ver cómo empezar a proponer ese posible cambio de forma consistente, desde el conocimiento y el respeto hacia las leyes aplicadas hasta ahora, tomando en cuenta todos los ejemplos válidos vecinos y, sobre todo, abriéndonos del modo más civilizado e internacional al diálogo reflexivo entre nosotros, los españoles y los habitantes de España, los que la hacemos ser y funcionar.
Y entre tanto, que el PP siga tocando fondo bajo sus apariencias de mayoría absoluta.

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